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    las flores en mi vida 


 Científicamente, las flores no existen para ser "bonitas". La gran paradoja de nuestra especie: nuestra forma de "apreciar" la vida suele implicar interrumpir su proceso natural. 












Yo el principito 

  


Para el Principito, la rosa no es solo una flor; es el descubrimiento de la vulnerabilidad y la responsabilidad.

Aunque en el universo del libro existen millones de rosas, la suya es única debido a un concepto que el zorro le explica: el vínculo.                                               



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Existe una etapa en la vida donde las páginas de un libro dejan de ser cuentos para convertirse en espejos. A veces, el destino une a dos personas desde la niñez, creando un lazo de seis años que parece inquebrantable, como si el tiempo fuera un hilo de seda que las mantiene al alcance de la mirada. Pero la adultez llega con giros bruscos, de esos que cambian el rumbo en 180 grados, trayendo consigo la fragilidad de la mente y errores que antes parecían imposibles de cometer.

Es ahí cuando las palabras de Saint-Exupéry cobran un sentido doloroso. Mirar hacia atrás es entender que, en la soledad de un planeta propio, la única distracción posible es la suavidad de las puestas de sol. Es ese refugio silencioso para quienes cargan con una tristeza verdadera, una forma de ver el mundo acabarse una y otra vez para no tener que enfrentar el vacío de lo que ya no está.

Aparece entonces el arrepentimiento de no haber sabido leer la ternura detrás de las astucias de una flor. Es fácil juzgar por las palabras y no por los actos; es fácil molestarse por las espinas y olvidar que el perfume de esa persona era lo que iluminaba la existencia. Pero la juventud es un arma de doble filo: da la fuerza para amar con desesperación, pero quita la sabiduría necesaria para saber cuidar ese amor.

Al cerrar el libro, queda una verdad que no se encuentra en las guías de felicidad. Se entiende que el vínculo se rompió no por falta de afecto, sino porque hay distancias que ni siquiera el amor más puro puede acortar cuando el tiempo no es el correcto.

Porque al final, el libro no trata de cómo cuidar una flor, sino de cómo aprender a vivir con el vacío que deja cuando te das cuenta de que eras demasiado joven para saber amarla.



                          

 

          


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